Para el olvido. Esa es la frase más repetida para referirse a la presente edición de la Copa Libertadores. Y no por el bajo nivel de la competición como tal, que cuenta con nombres como Ronaldo, Roberto Carlos, Adriano o Verón, sino porque los nombres que a nosotros nos interesan no dieron la talla.
Los Figueroa, Arismendi, Urdaneta o Guerra en los que tanta esperanza había sido depositada no pudieron cumplir con las expectativas y dejaron un triste recuerdo en la retina de los hinchas que fueron a apoyarlos.
Evidentemente para analizar el desempeño de los nuestros en esta competencia habría que revisar a los equipos como casos aislados, con sus respectivas situaciones futbolísticas e institucionales, pero más allá de las posibles justificaciones que tenga cada directiva la realidad nos muestra a tres (porque el Deportivo Táchira no debe ser excluido del fracaso) equipos que se vieron superados por el tamaño del compromiso.
Sin duda los casos más alarmantes son los de los dos clubes más grandes del país. Rojos y Aurinegros cargaban con la esperanza de un país que se emocionaba con una hipotética actuación destacada que nunca llegó. Por un lado llegaba el cuadro andino, ansioso por superar lo realizado por su archirrival en la edición pasada. Se había realizado una muy buena inversión con fichajes importantes como Rojas, Ybarrola , Maita, entre otros. Además el azar lo había emparejado frente a un rival que se antojaba complicado pero posible de vencer si quería estar presente en la fase de grupos, sin embargo, esto último no fue posible. Un muy buen resultado de local y un gol tempranero de visitante dejaban la llave casi sentenciada a favor de Táchira pero los venezolanos no supieron aguantar la embestida guaraní y Libertad terminó por sacarlos de la Copa. El primero de los tres había caído.
Por otro lado estaba el Caracas, ya clasificado para la fase de grupos y con la base del equipo que hizo historia en la edición pasada al llegar hasta cuartos de final. A pesar de que el grupo asignado contaba con grandes equipos, la afición capitalina estaba emocionada con un nuevo periplo continental de la mano del eterno ídolo Sanvicente, ese que tantas batallas había sabido ganar. De nuevo, como ya se ha hecho costumbre, el Caracas propuso su juego, de local y de visitante, pero esta vez jugar bien no fue suficiente. La falta de un verdadero goleador (con permiso del siempre presente Castellín), la crisis interna que estalló en el club con la salida de Chita y los hechos de violencia en el Olímpico marcaron el rumbo del Caracas en esta Libertadores en la que firmó su peor participación desde hace más de catorce años y se despidió sin probar siquiera las mieles de la victoria, solo dos empates y cuatro derrotas. Nuestro segundo representante había caído.
Por último llegaba el Deportivo Italia, comandado por el novel estratega Eduardo Saragó, que soñaba con hacer una digna participación y trascender hasta octavos de final. Ese sueño no fue posible pero tampoco implicó una gran decepción considerando que el equipo, en su nueva etapa, debutaba en una Libertadores y estuvo emparejado en su grupo con rivales de renombre que al final no terminaron siendo tan superiores como se preveía. El verdadero fracaso del conjunto azzurri fue en lo estructural. En el plano institucional el Italia demostró no estar preparado para este tipo de competiciones, si bien contaba con una buena plantilla y con el pago de los salarios a tiempo, el cuadro capitalino no logró contar con el apoyo que esperaban de la afición caraqueña que sólo respondió, de manera tímida, ante Vélez pero que abandonó al equipo en partidos como el de Colo Colo donde el Olímpico contó con una presencia mucho más numerosa de hinchas chilenos que de fanáticos locales. El Italia jugó sus seis partidos de visitante y esto ha llevado a la dirigencia del club a plantearse un posible cambio de nombre e incluso la posibilidad de mudar al equipo a otra ciudad del país. Nuestro tercer equipo había caído también.
Otra Libertadores más que pasa y otra vez el sueño que se posterga. Otra vez nuestros equipos relegados al fondo de la tabla, pudiendo superar sólo a los representantes bolivianos. “Para ser grande, hay que ganarle a los grandes” dijo Noel Sanvicente en una ocasión, no le faltaba razón al otrora técnico capitalino pero esta vez no pudo ser. Todavía no somos grandes.




















